Quizás

Quizás

por

Nicolás Módena

Lector, algo observador, libre pensador, digno padre, olvidable escritor. Todo, habiendo sido abogado.

#FicciónConRelieve

Ilustración: María José Albo

1-

Un barrio de casas bajas, al estilo de la borrosa Buenos Aires de comienzos del siglo pasado; una vivienda desapercibida, sin rejas y patio adelante; una habitación discreta, con ventanas abiertas de par en par; un mueble de madera firme, cerezo diría mi abuelo, apoyado sobre la pared que da a la pequeña capilla monasterio, llamada La Redentora; una docena de tomos numerados, forrados en piel color marfil, hojas de papel de arroz, compendio chino de las ciencias ocultas y anterior a la dinastía Qin; un joven, quizás yo, articulando sin reparos y sin éxito la fórmula de la transmutación (Tomo XVII, Capitulo LXIII); una ilustración en carbonilla reproduciendo un ramo de narcisos, agotada de precisos detalles, únicos, resaltados en combinación con el atardecer desde el oeste infinito.

2-

Un año, quizás varios pares más; unos ojos aumentados por toscos cristales que recorren las mismas e incalculables páginas, una tras otra; una noche y muchas que se le parecen; una mano, quizás la mía, hojeando nuevamente el tomo XVII de aquel tratado finamente encuadernado, desgastado en color y en sus bordes; una revelación en axioma a demostrar: “La vida puede dar vida, de cuerpo nutrido a imagen adusta, si se encuentra con su opuesto, que no es, a decir de Huang, solo la inexorable muerte. Su opuesto, ciertamente, es el último respiro pero en acuerdo temporal con el desamor, a prueba y fatalidad, en irreductible intercambio”; un largo silencio negando la sabida única posibilidad; una incómoda celebración, en soledad, con final fatal y comienzo a la vista; una carta manuscrita con prolija impaciencia, en discreta invitación, con estampilla paga y sin reparos, dentro del buzón en la vereda, color amarillo recién pintado.

3-

Una mañana sin nubes que la opaquen; una cama simple y tendida; un joven, quizás yo, exhausto, descolorido, a segundos de morir; aquella que fuere una digna ilustración no existe, es una hoja en blanco, vacía; un ramo de narcisos, soberbio, exageradamente colorido, con vida, forma y cuerpo sobre la mesa de luz; una mujer, quizás vos, aturdida, elegante, con la invitación manuscrita entre manos, testigo de la puesta a prueba, victoriosa e infame, de una cifrada y celada fórmula milenaria. -

Una mañana sin nubes que la opaquen; una cama simple y tendida; un joven, quizás yo, exhausto, descolorido, a segundos de morir; aquella que fuere una digna ilustración no existe, es una hoja en blanco, vacía; un ramo de narcisos, soberbio, exageradamente colorido, con vida, forma y cuerpo sobre la mesa de luz".

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