Que no sepas leer

Que no sepas leer

por

Nicolás Módena

Lector, algo observador, libre pensador, digno padre, olvidable escritor. Todo, habiendo sido abogado.

#FicciónConRelieve

El café ya estaba frío e inútilmente endulzado. No siempre me sucede. Es más: apenas lo tengo al frente le doy un primer sorbo aunque esté exageradamente caliente. Pero aquella media mañana me distraje. Estábamos desanudando nuestro nudo, ese que armamos sin quererlo. Y recordé, mientras nos apabullaba el silencio, algunos de los muchos errores propios, en especial, el no haber cumplido el sueño de Frankfurt que, dada la fragilidad que nos unía, fue solo eso: un sueño. Vos, incomoda, querías irte. Se te notaba inquieta, en tus manos, en el constante juego con tu flequillo. Sin acuerdo previo nos pusimos de pie, y en un ínfimo segundo y con tanto por decir, decidí callar. De una forma elegante y cobarde, me seguiste el juego y tampoco hablaste. El mozo, de rojo y negro, con cara redonda y brillosa, indiferente, trajo la cuenta y un confite de regalo. Lo tomaste con los dedos y lo dejaste en mi mano, la cual cerraste con las tuyas.

Erguida y con el abrigo colgando en tu brazo derecho, me abrazaste para marcar el límite, el duro fin y peor despedida. Te perdiste tras la puerta giratoria y su sonido en roce metálico, insignificante a la música funcional que ya era una lejana y melosa melodía.

Llegué a casa, destrabé con maña la cerradura y me miré reflejado en el ventanal, el que hacía un par de semanas estaba desencajado de sus rieles. Vi a un hombre gris y ausente, desaliñado, y reconozco sentí vergüenza. Preparé una sopa y me fui al dormitorio, con la bandeja de mimbre y caña haciendo equilibrio. Con la computadora en mi falda, escribí:

"Lee, llorá, dormí, gritá, cogé, reí, olvida pero no tanto, abrí los brazos y los ojos, caminá, juzgate, sabete hermosa y seductora, muy sensual. Viajá, volvé a olvidar pero un poco más, cojé de nuevo, pero con algo de amor, abrí más los brazos y menos los ojos. Vas a ver que, de repente y en una especie de final sin que sea “el final”, no va a existir el día hacia adelante en el que, a falta de un abrazo, recibas uno de más, o uno solo pero largo y bien amado. Y tu memoria te va a acompañar, y la vas a creer nueva, y quizás el tipo te pregunte qué hiciste hoy, y no que vas a hacer. Ese, quien parece no existir, es el que, alguna tarde común y plana, te va a completar con el amor de los que aman. Quizás sea yo, quien sabe, y ojalá, de ser así, espero lo sea por el resto de toda tu nueva vida".

Estiré los brazos y las piernas, abrí y cerré los dedos de ambas manos, aplaudí en busca de evitar el sueño y escapar al cansancio. Un bostezo indomable me distrajo y sin más, el recuadro perverso en el medio de la pantalla me indicaba que el mensaje había sido enviado.

Desde aquella noche, a modo de rezo eterno, espero jamás abras tu correo, o en su caso, que simplemente no sepas leer.-

Ilustración: María José Albo

Erguida y con el abrigo colgando en tu brazo derecho, me abrazaste para marcar el límite, el duro fin y peor despedida. Te perdiste tras la puerta giratoria y su sonido en roce metálico, insignificante a la música funcional que ya era una lejana y melosa melodía".