La queja como síntoma

La queja como síntoma

por

Lic. Laura Altea

Lic. en Psicología. Magister en Comunicación y Educación. Especialista en Evaluación y Diagnóstico . Ig: @lic.lauraaltea

#Psicología

Seguramente en lo que ha pasado del día has escuchado a alguien quejarse por algo, o incluso a vos mismo frente a alguna situación cotidiana.

No es casual, el llamado "orden social" se impone  normativizando modos de ser y de vivir, lo que queramos o no, no nos es ajeno.

Desde formas  inducidas hasta las imperativas y más evidentes, existe una pretensión cultural de que respondamos a determinados parámetro. Las propagandas en la tv, en frases de quotes, dichos de influencers marcan el ritmo y formula la felicidad. Alcanzando metas materiales y espiritualidad en combo.

En el aparente discurso motivador se esconde el implacable mandato social.

El envés de esto es que la vara con que nos medimos es siempre más alta del lugar en donde estamos. ¿El resultado? Frustración y estrés por conseguir algo inalcanzable, desde el discurso donde el ego, la intolerancia a la diferencia y a la falta se hacen eco. 

Exaltar y alentar a tenerlo todo: ser lindos, felices, espirituales, fit, no es más que otro rostro amo y mandato perverso Pero lo naturalizamos e invisibilizamos dentro de la carrera cotidiana que nos mantiene ocupados intentando arribar a algún lado o peor aún a todos lados de manera omnipotente y fantasiosa.

Freud hablaba en "El Malestar en la cultura" del padecimiento por la imposición de ésta sobre la persona en relación al cuerpo, el mundo y su relación con otros.

El sujeto entonces estaría lidiando a diario con lo que otros desean de él. Pero ¿qué desea él para él? Toma tiempo recorrer esa pregunta.

Los síntomas del malestar de "no poder todo" se manifiestan en ataques de pánico, ansiedad, depresión, entre otras formas en que el psiquismo se hace lugar y denuncia su sufrimiento.

Aparece la queja y detrás de ella la frustración, impotencia, ante lo real de las vicisitudes del trabajo, de las relaciones, del cuerpo frente al espejo. No podemos escapar a la realidad, por más publicidad y slogan de superpersona.

¿Será que nuestro deseo y psiquismo están haciendo ruido para que paremos y escuchemos? ¿Y será que podemos hacer algo al respecto? Detrás de cada pantalla, celular, vidriera o góndola hay un sujeto consumidor y producto de ese consumo, reactivo, desconocido en su esencia y capacidad subjetiva única, creativa y deseante.

El psicoanalista Fernando Ulloa decía que la queja “Se produce cuando alguien se enmascara de víctima, y realmente suele serlo, apelando a la piedad o a la comprensión del opresor. El quejoso no se apoya en los restos de su fuerza, sino en su acrecentada debilidad y desde ese disfraz, que suele exaltar lo que es cierto, espera secretamente los beneficios de la víctima." Y proponía algo que a mi entender tiene un gran valor, ya que coloca al sujeto en lugar de hacedor, con decisión y reconocido en su deseo, decía que podía pasar de la queja a la protesta, de la intimidación a la intimidad y transgresión, como un movimiento de una posición pasiva a una rebelde y activa,  algo así como de tomar las riendas de la propia vida.

La posibilidad de autoobservarnos  y reconocernos como seres diferentes y falibles, nos aparta de los discursos actuales y ajenos, para reconectarnos con la propia voz. De mirarse y observar el entorno para ser consciente de las causas del sufrimiento, deconstruyendo lo normalizado, cuestionándolo. De escucharse  para develar los propios misterios, buscando en el interior las respuestas, validando nuestra verdad.

Comparto algo que escribió la novelista española Ana María Matute, que me parece interesante y viene al caso para cerrar la idea “El mundo hay que fabricárselo uno mismo, hay que crear peldaños que te suban, que te saquen del pozo. Hay que inventar la vida porque acaba siendo verdad”.