La imposibilidad de la bondad. (Bertold Bretch)

La imposibilidad de la bondad. (Bertold Bretch)

por

Lic. Laura Altea

Psicóloga. Magister en Comunicación y Educación. Especialista en Evaluación y Diagnóstico .

#Psicología

Imagen de Alexander Durie.

La cultura nos con-forma,  va haciendo en nosotros, dándonos forma sin que si quiera seamos conscientes de esto. Educados bajo la lupa de la mirada y expectativa ajena, en la importancia de agradar a los demás explícita o implícitamente a través de pautas y costumbres. Desde chicos obligados a saludar o a sonreir,  sin saber por qué debíamos hacerlo. Nadie nos dijo que teníamos el derecho de negarnos.

Decir que no es poner límites, implica el reconocimiento de nuestro borde, hasta donde estamos dispuestos a dar. ¿Por qué tenemos que estar disponibles y asintiendo ante lo que se nos  pida? ¿Por qué nos convertimos en responsables de las expectativas y emociones ajenas? Ubicados como depositarios de los residuos emocionales reales o fantaseados de otros.

Cuando se cede a las demandas o solicitudes ajenas cómo en una encerrona, como si no quedara otra alternativa, resulta desgastante y  hasta angustiante, ya que nos alejamos de nuestras propias necesidades y del valor de las mismas.

No poder poner en palabras o actos el no, es no poder delimitar. ¿Cómo ocupar plenamente nuestro espacio si no reconocemos donde empieza y dónde termina? La pérdida de energía psíquica y por qué no, también la física por complacer a otros, es una tarea agotadora e inalcanzable. Seguramente si no quisiéramos ser tan buenos, seríamos mejores al decir de S. Freud. Es decir, que sostener la fantasía de ser bueno o de abnegación, ya sea por ideología, educación o credo, dista de la realidad y de nuestra constitución subjetiva.

“La abnegación puede ser una virtud moral, pero nada tiene que ver con la salud mental. Es sacrificio. Y el sacrificio constante duele, enferma. ..Cuando das la vida por otro, la perdés. Es como un suicidio en cámara lenta. Es morirse un poco todos los días”  refiere Mirta Medici.

Por supuesto vivir en sociedad nos condiciona, vivir con otros implica adaptarse, estar regido por normas que promueven la represión de los impulsos en pos de la convivencia. No podemos ir por la vida haciendo lo que se nos antoje, lo que produce cierto malestar como consecuencia de la construcción social, pero tampoco podemos ceder  nuestra subjetividad, nuestras necesidades y límites.

Sabernos con límites y limitaciones es aceptarnos como diferentes. Reconocer, validar y respetar nuestros límites seguramente permitirá el reconocimiento y respeto por los de los demás. “El chiste está en lo que uno recalca. O nos hacemos infelices o nos hacemos fuertes. La cantidad de trabajo es la misma.”(Carlos Castañeda)

Decir que no es poner límites, implica el reconocimiento de nuestro borde, hasta dónde estamos dispuestos a dar".