Flexibilidad mental, el desafío para transitar estos tiempos

Flexibilidad mental, el desafío para transitar estos tiempos

por

Luciana Armatta

Lic. en Psicología. Neuropsicóloga. Doctoranda en Neurociencias Cognitivas Aplicadas.

Mi cerebro y yo

Hace mes y medio que no escribo una columna y parte de las razones es el tema de hoy, lo difícil que resulta adaptarse a las nuevas exigencias que nos impone esta pandemia, el cambio de rutina, las nuevas obligaciones, los nuevos tiempos.

Violencia

Se ha producido un enorme cambio en nuestras vidas, nuestra cotidianeidad, nuestra manera de trabajar, nuestra economía, nuestros hábitos, nuestra manera de relacionarnos, todo o casi todo cambió, por supuesto esto repercute constantemente en nuestro cerebro, pensamientos, emociones y conductas.

Estamos atravesando una situación inesperada, que aún no tiene final, que nos genera muchísima incertidumbre y no nos queda otra que transitarlo, y en la medida que se pueda, hacerlo de la mejor manera posible.

Para esto tenemos que poner en práctica nuestra FLEXIBILIDAD, o capacidad de tener cintura como le digo yo... flexibilidad y adaptación, necesitamos hoy más que nunca. Por primera vez se nos hace difícil proyectar a largo plazo en cualquier aspecto de nuestras vidas, vivir el día a día, todo un aprendizaje y un desafío.

Algunas de las situaciones que pueden generar estrés en estos tiempos, y desbordarnos de alguna manera, son las “tareas de la escuela de los chicos”, y por qué me voy a quedar un rato en este tema, porque no hay prácticamente persona que tenga hijos, que no hable del tema... porque es todo un tema..

“Les dan mucha tarea”, “tengo todo el día abierta la plataforma virtual” “no anda bien internet”, “hay temas que no los puedo explicar”, “no me alcanza el día con todo lo que tengo que hacer”, “los chicos no quieren sentarse”, “los chicos no quieren aprender con los padres”, “¿Cómo la llevás?” ¿Hasta cuándo estaremos así? Ni hablar de aquellas familias que no tienen los recursos tecnológicos para hacer frente a esta nueva modalidad súper elitista, en la que la situación es otra y mucho más dura.

Y así cada uno de acuerdo a su realidad, a la cantidad de niños en etapa escolar en casa, a sus recursos, lo vive cómo puede y hace lo que puede. Y voy a recalcar esta frase “HACEMOS LO QUE PODEMOS”, porque no podemos en este momento pensar en situaciones ideales, porque no las hay, en ningún sentido, en ningún ámbito. Nos queda transitar este momento, tratar de reconocer lo que nos pasa y reconocer qué estrategias podemos poner en práctica para transitar el momento.

La clave para poner a funcionar nuestra flexibilidad cognitiva es centrarnos en expectativas realistas, cuánto podemos hacer hoy, tener en cuenta recursos y tiempo que disponemos, qué podemos delegar o pedir ayuda y qué no, priorizar lo importante.

Ser realistas con lo que podemos esperar de los chicos, no agobiarlos, no convertir esto en un caos, corriendo atrás de tareas que igual se van a aprender en algún momento. No creo que sea un momento para priorizar los contenidos sino más bien los procesos.

Adaptar el plan de cada día a las ganas, los tiempos: hoy hacer las tareas no es más importante que jugar, compartir, dar una vuelta, porque los chicos están privados de las clases pero también de un montón de cosas que también les da la escuela, los afectos, sus amigos, su espacio propio fuera de casa.

Hoy todo puede ser agobiante, pero tenemos que tratar de corrernos de la mirada del deber, tener, y en lo posible ponerla en que en este tiempo los chicos están aprendiendo de nosotros, ni matemática ni lengua ni inglés, están aprendiendo cómo comportarse en situaciones inesperadas e inciertas, y esto va a generar una huella en su memoria, en sus emociones y en su conducta para el futuro.

Nosotros estamos aprendiendo de una situación única, especial, mundial, donde todos los adultos del mundo no pueden continuar con sus planes para el 2020 en ningún aspecto, es como si estuviera todo congelado, pero uno tiene que seguir funcionando con otro plan. Porque hay que seguir.

Tenemos dos caminos, nos ponemos rígidos y perdemos muchísimas cosas, entre ellas la oportunidad de aprender y evolucionar,  o nos vamos acomodando a la situación, al día a día, aceptamos y respetamos nuestras emociones, seguimos transitando nuestra vida con estas nuevas condiciones y se lo contamos a nuestros nietos y bisnietos..

Hasta la próxima, ya saben si no aparezco, ¡estoy adaptándome, jaja!