El miedo, ¿nos ayuda a sobrevivir o no nos deja vivir?

El miedo, ¿nos ayuda a sobrevivir o no nos deja vivir?

por

Luciana Armatta

Lic. en Psicología. Neuropsicóloga. Doctoranda en Neurociencias Cognitivas Aplicadas.

Mi cerebro y yo

Las enfermedades infecciosas han estado dando forma a nuestra evolución durante millones de años, alterando nuestra psicología y fisiología. El brote de COVID – 19 constituye una amenaza para la integridad física y psicológica de toda la población, una amenaza sobre la que tenemos bajo control, no sabemos si nos vamos a contagiar o no, si las medidas que tomamos de manera individual o como sociedad van a ser efectivas para controlar la propagación. NO sabemos cuándo terminará, ni las consecuencias que traerá a largo plazo.

Violencia

En medio de este panorama asola el miedo… el miedo al propio contagio y de otros, a la pérdida de seres queridos y la posibilidad de no poder despedirlos. Miedo ante la menor disponibilidad de recursos y de la inminente disminución de las finanzas.

Todas estas son consecuencias temidas posibles, impredecibles e incontrolables... entonces no podemos pedirle a la gente y a nosotros mismos ¡“no tener miedo” ante semejante situación!!!!!

El miedo es una emoción básica, fundamental para la supervivencia, es la reacción más natural ante un objeto o situación que amenaza nuestra vida o nuestra integridad. Sin miedo nuestros ancestros no hubieran sobrevivido.

Hoy podemos interpretar el miedo como una reacción adaptativa y necesaria para sobrevivir, que bien regulada, actuará con comportamientos de cuidado personal y cuidado de otros.

Violencia

El miedo tiene un gran impacto en nuestro comportamiento


¿Cómo comprendemos que algunas conductas motivadas por el miedo pongan en riesgo nuestra integridad y la de otros? ¿Puede el miedo pasar de ser adaptativo a ser patológico?

La intensidad de las respuestas generadas por el miedo dependerá de factores biológicos, predisposición genética, y ambiental, como también nuestras experiencias traumáticas.

La respuesta al miedo puede ir desde una respuesta óptima, en la que podemos enfrentarlo con estrategias adecuadas, hasta estados emocionales desproporcionados donde nuestra conducta puede ser patológica.

Ante la amenaza y el peligro, el miedo y la ansiedad pueden movilizar conductas adaptativas, pero también conductas de escape, evitación y negación. Esto explicaría conductas y acciones que vemos a veces en plena pandemia en la calle y uno no se explica por qué ciertas personas actúan así… por ejemplo gente sin barbijo, aglomeradas en algunos lugares para comprar desmedidamente, sin importar que el otro también lo necesita, conductas agresivas y culpógenas. 

Claro está que con esto no vamos a intentar justificar las acciones de nadie, sino más bien intentar comprender al otro.

Entonces, ¿cómo podemos regular el miedo?

  • Conociendo e informándome sobre el tema, utilizando fuentes seguras.
  • Gestionar el exceso de información, escuchar o mirar lo que necesito saber y cortar.
  • Tomar las medidas de seguridad e higiene recomendadas por los especialistas, uso de tapabocas, distancia social, lavado de manos, aislamiento cuando es necesario.
  • Trabajar de manera intencional en lograr calma y serenidad para ACEPTAR lo que no podemos cambiar. Si no lo aceptamos, la angustia aumenta, y también el miedo. No puedo cambiar el contexto, pero sí mi día a día y mi manera de enfrentarlo.
  • Trabajar en la responsabilidad conmigo y con el resto, compromiso y empatía.

Esta situación por ahora no termina, se está haciendo larga, por estos días y por estos lares inclusive empeoró. Es importante priorizar nuestra salud mental y nuestro bienestar, sino, todo el resto también se desequilibra. Si me está costando, si la angustia y la ansiedad va en aumento, intentar aceptarlo y pedir ayuda siempre es la mejor opción.