El curro de los cines y su candy bar

El curro de los cines y su candy bar

por

Pachi Tabera
31 años
Abogada
Delegada de la Asociación UCU Jujuy

#ConsumidoresInteligentes

En vacaciones todo es risas y corazones hasta que empezamos a sufrir distintos micro-abusos que nos llevan puestos casi sin que lo detectemos, justamente porque estamos relajados.

No hay que vivir con stress las vacaciones pero eso tampoco significa que seamos una ameba que nada note ni se defienda ante los embistes maliciosos del mercado. 

Aquí desnudaremos una práctica abusiva y súper-común que realizan en ésta oportunidad los Cines (tanto las franquicias como los cines locales) y su “candy bar”

La cocina
Todo comienza cuando tu bendición te pide ir al cine a ver la última peli de Disney, las entradas no son baratas pero el evento, el efecto envolvente del sonido, los efectos del 3D y el paseo por el shopping hacen que todo valga la pena.
 
Ahora, el precio de la entrada al cine no es problema ya que en alguna medida lo vale, y para el remoto caso de que no lo valiese siempre tenemos la libertad de comprarla o no. He ahí el óbice principal de esta cuestión: la libertad de contratación.
 
En el mundo jurídico hay un concepto moderno de venta (de mala venta) que se comenzó a utilizar y es el denominado “venta atada”, la cual me adelanto a decir que se encuentra terminantemente prohibida, ya que desde el propio nombre pueden deducir que “atada” dista mucho del concepto “libertad” que reina en todo nuestro ordenamiento jurídico.
 
La “venta atada” es toda práctica en la que se ofertan de manera conjunta bienes o servicios que por regla general son objeto de transacciones independientes, condicionando la adquisición de un producto a la compra obligatoria de otro bien.
 
Es así el ejemplo del cine y el candy bar, la puesta en vista de una película no tiene como condiciones sine qua non el comer pochoclos mientras se la mira, pero sin embargo logran vincular inexorablemente esas dos actividades (la peli y la comida) que de forma natural serían absolutamente independientes la una de la otra, siendo dos ofertas distintas del mercado.
 
El abusivo cine (siempre pícaro, nunca inpícaro) te pone carteles y capacita a su personal para increparte a la entrada de la película y dejarte en claro de que si querés comer pochoclos (por dar un ejemplo) tienen que ser los comprados a ellos mismos, ya que está “prohibido” que ingreses con alimentos adquiridos fuera del candy bar del cine, caso contrario no ingresas al cine.
Esto naturalmente generó un falsa creencia sobre los derechos de los consumidores, que es una de las cosas más graves a mi criterio: desinformar, des-empoderar al ciudadano respecto de sus derechos con el ruin objetivo de sacar una ventaja económica. 
 
Así comienza una red de tráfico de galletas, gaseosas y demás golosinas en las carteras y mochilas de los usuarios, haciéndolos sentir como delincuentes del Cartel Caramelos de Pablo Escobar, cuando en realidad están consumiendo lo que desean, comprándolo dónde les pinta, nada más ni nada menor que haciendo lo que por derecho les corresponde. Pero la industria del cine y del candy bar los hace sentir avergonzados, he ahí justamente la efectividad de ésta modalidad abusiva.

 Como pueden observar, las “ventas atadas” consisten en la estrategia de ofrecer un producto (tying o atante), condicionando la transacción a la adquisición de otro bien (tied o atado). Para determinar si existen ventas atadas, resulta imprescindible determinar si la empresa detenta una posición dominante en el mercado relevante del producto “que ata”. El fundamento detrás de este requisito es lo que se ha denominado “leverage”, es decir la posibilidad de traspasar el poder de mercado de este producto que ata hacia el producto atado. Esto presupone que la empresa no tiene poder de mercado (o, al menos, tiene un poder de mercado disminuido) respecto del producto atado y por eso intenta posicionarlo mediante esta modalidad.

El derecho de los consumidores a no verse coaccionados en su libertad de contratación por éstas empresas abusivas fue reglado específicamente por nuestro Nuevo Código Civil y Comercial de la Nación, donde en su artículo 1099 dice:

“Libertad de contratar"Están prohibidas las prácticas que limitan la libertad de contratar del consumidor, en especial, las que subordinan la provisión de productos o servicios a la adquisición simultánea de otros, y otras similares que persigan el mismo objetivo.”

¿Mi experiencia personal? Yo dejé de esconder las Totitas Águila de brownie (mis favoritas por si a alguien le interesa regalarme una :D) en mi cartera y pasar con la culpa de un traficante de trata de blancas por el scanner del cine. Simplemente compro mis golosinas en donde quiero y las llevo en la mano con toda la naturalidad del mundo. 

Una sola vez me dijeron el versito de que está prohibido que ingrese con cosas no compradas en el candy bar del cine y hasta me señalaron un cartel que había a un costado que decía eso también. Con una sonrisa en la cara le dije literal “está prohibido por la ley de defensa del consumidor que me obliguen a comprar en el candy bar, se llama “venta atada”, por favor recibime las entradas que ya comienza mi película. ¡Gracias!”, extendí con mi sonrisa inmutable mis entradas al empleado del cine quien sin saber qué contestarme las marcó y me dio paso. Fin!

Entiendo que nadie quiere tener un desplante cuando está yendo a pasar un momento de ocio como ir al cine, pero en el temple y la sonrisa está la receta, yo digo lo mismo (sin desplante ni levantando la voz, y hasta sonriendo). Al no abrir el debate al otro y al ser firme con lo que entiendo es mi derecho, no hay margen de discusión, se acepta lo que mi defensa y todo vuelve a la normalidad. Colorín colorado. 

Está prohibido por la ley de defensa del consumidor que me obliguen a comprar en el candy bar, se llama “venta atada”.