¡Amamos leer! Hoy comenzamos con "Bebé vampiro"

¡Amamos leer! Hoy comenzamos con "Bebé vampiro"

por

Agustina de Diego
Estudiante avanzada de letras, coordinadora de talleres de lectura, co-conductora del podcast LiterAtlas en Spotify y creadora de la cuenta Agus Recomienda donde comparte, en su mayoría, libros escritos por mujeres.

#LibrosParaDevorar

Buscaba que alguien la tratara como él, que la besaba como a una fruta que podía comer con cuchillo y tenedor, como un príncipe, o que se podía comer de a pedazos, cortándola con los dientes.
(Lifschitz, 2020, p. 53)

Foto gentileza Agus de Diego.

Autora: Nadine Lifschitz. Título del libro: Bebé vampiro. Ciudad: Buenos Aires. Editorial: Concreto. Año de publicación: 2020. Extensión: 104 pp.

El estilo fresco de Nadine Lifschitz (1989), cuya formación recorre las artes audiovisuales, el guión de cine y televisión, seminarios de escritura en New York y distintos talleres literarios, invita a leer historias que nos recorren el cuerpo como un ligero sudor frio que se desliza por la espalda. La amistad, la maternidad, ser hija y ser madre, y los vínculos con la familia y las parejas están a flor de piel en cada página de Bebé vampiro. Las metáforas que se construyen le agregan una intensidad que requiere subrayar los párrafos y releer en voz alta una y otra vez.    

En estos ocho cuentos transitaremos momentos de la infancia, la adolescencia y la adultez de diferentes mujeres que bien podrían ser la misma. Nos plantean un mundo cercano donde a través de las experiencias de ellas buscaremos el punto en común con las nuestras, hasta llegar a la conclusión de que los recuerdos podrían tranquilamente confundirse con los relatos de este libro.

En los cuentos vemos como se rompen los lazos de una amistad por la distancia; lloramos la muerte de una madre ajena que se quería como propia; compartimos un helado con amigas que se acompañan hasta en los callejones oscuros; bailamos en boliches donde las desilusiones son más amargas que sus tragos baratos; despedimos a un padre mientras le tomamos examen imaginario a la psicóloga para ver si vale la pena seguir pagándole; experimentamos el silencio como violencia en un vínculo que se sostiene apenas por un hilo; atravesamos un quirófano con una familia que trae poca tranquilidad en los días donde no se puede conciliar el sueño y vemos, por último, a una madre que imagina otras madres y que busca ser un poco de todas ellas.    

Podríamos leer Bebé vampiro como se ve una película cautivadora que no te deja abandonar tu silla. La narración avanza con rapidez pero obstaculiza tu tranquilidad con puñales que se te van insertando en los dedos y que te incitan a formar parte del relato, a involucrarte, a no salir invicto de lo que se lee. Las escenas dejan su huella en el lector como cuando, en uno de los cuentos, dos manos se aferran mientras una mala noticia retumba en el ambiente o como cuando se observa un cigarrillo apagado con el rouge de alguien que ya no está.

Se retratan situaciones cotidianas enmarcadas por el desengaño: en alguna instancia hay que aprender que no todo es color de rosa, que el mundo puede ser hostil o injusto y que la vida son esos relámpagos que podrían tomarse como fotografías instantáneas donde puede que salgamos movidos, borrosos y no del todo bien iluminados.