Gonzalo Morales: “La Deuda Interna al día de hoy me abre puertas”

Gonzalo Morales: “La Deuda Interna al día de hoy me abre puertas”

por

Raquel Abraham

Periodista. Jujeña y apasionada de mi provincia.

Fotos: Ollie Wright

KIT PRIVADO DE GONZALO

Plato: Tarta de choclo

Serie: House of cards, Simuladores

TOC: No se les ocurra tocar un cable o enchufe de mi computadora.

Un día perfecto:
Amanecer con mis hijos, ir a Yala, comer asado y pasar el día con ellos. 

#Entrevista

Actor, productor, gestor cultural, Gonzalo Morales no ha parado de crear y recrearse. A sus 47 años tiene más claridad en sus búsquedas personales y algunas cuentas pendientes: “Mi propia película está en el horizonte, flotando”, revela.

Flor Mallagray
Gonzalo Morales

Su personaje Verónico Cruz en “La Deuda Interna” (1988) sin dudas le marcó la cancha de lo que vendría después. Gonzalo Morales conoció las mieles de la fama y el prestigio muy joven, tenía 14 años cuando fue convocado por Miguel Pereira para protagonizar la película galardonada con el Oso de Plata en Berlín, entre otros premios. “Él había decidido para adentro que yo iba a ser el personaje pero no me lo había comunicado. Siguió en su cabeza. Un día me dijo, en 15 días nos vamos”, recuerda.

Durante mucho tiempo renegó de que la gente lo asociara automáticamente a su personaje en la película, pero con el tiempo esa carta de presentación le abría más puertas que cualquier formación en su currículum: “La Deuda es, porque al día de hoy me abre puertas, incluso en los momentos referidos a la gestión pública, me servía más referenciar a 'La Deuda Interna' que decir que era secretario de estado”, confiesa.

Hoy, a sus 47 años, lejos ya de esos inicios de la juventud que lo empujaron literalmente y "por default", a estudiar actuación a Buenos Aires; ha resignificado todas las experiencias acumuladas como actor, productor y gestor cultural, (fue secretario de Cultura de Jujuy entre 2013 y 2015), y creó hace dos años, su propio espacio cultural en Tilcara: “La Campana Teatral”. Se trata de una sala de teatro en la que ocurren acontecimientos pequeños, de artistas locales, así como otros espectáculos de peso nacional e internacional. Por sus tablas pasaron figuras de la talla de Leo Sbaraglia, Juan Quintero, Ana Prada, Kevin Johansen, Darío Sztajnszrajber, Dalia Gutmann, entre otros.

Si bien hoy está abocado en un  100% a su rol de gestor cultural, tiene todavía mucha tinta para seguir escribiendo su propia historia: "Tengo cuentas pendientes" desliza con entusiasmo y un dejo de misterio.

Flor Mallagray
Gonzalo Morales

¿Cómo te convoca Miguel Pereira para “La Deuda Interna”?

Yo hacía teatro desde los 6 años en los talleres de Juan Carlos Estopiñán, y formaba parte de la Comedia Estable de la Provincia. Tenía 14 años pero no había crecido. Ese año fuimos a hacer una temporada en el Teatro Cervantes. Miguel se entera de que había una obra jujeña y se acerca a vernos. Son esas cosas que suceden cuando tienen que ser. Él había decidido para adentro que yo iba a ser el personaje pero no me lo había comunicado. Cuando llego a Jujuy, viene a verme y me dice: “en 15 días nos vamos”. Fui a ver al “Ñato” (Oscar) Marín, que era el rector del Colegio Nacional para pedir el permiso, tenía que faltar tres meses al colegio. Él me dijo “te vas tranquilo, que esos tres meses te van a servir más que cinco años adentro de este colegio”.

¿Cómo fue verte en la pantalla grande?

Al principio me costó disociar, al conocer toda la cocina de locaciones y espacio. Durante mucho tiempo pensé, ingenuamente, que muchas resoluciones estéticas habían sido fortuitas. Con los años, yo estudiaba cine en la ENERC de Buenos Aires, y una noche estaba en el departamento y pasan “La Deuda” y me quedé viéndola después de veintipico de años. Me emocionó tanto. A las dos de la mañana lo llamo a Miguel para decirle: “qué lindo, qué conmovedor”. Tenía otra mirada habiendo tomado distancia.

Flor Mallagray
Gonzalo Morales junto a Miguel Pereira y equipo técnico

¿La gente te comenzaba a reconocer en la calle?

Sí, hasta el día de hoy soy Verónico (se ríe). Renegué mucho de eso y hoy me encanta. Fue una película que me ha marcado, lógicamente: la vio un millón de espectadores en su momento en cine, representó a la Argentina para los Oscar, todos los colegios los llevaban, me daba mucha vergüenza. “La Deuda” es, porque al día de hoy me abre puertas.  

¿"La Deuda" te allanó el camino para elegir lo que querías hacer a futuro?

Un poco por default yo me tenía que ir a estudiar actuación a Buenos Aires, todas las señoras de Jujuy decían “estudiá actuación”. “La Deuda” dinamizó el proyecto. No tuve el planteo de la duda de otra carrera, tenía que hacer eso. Años después yo tuve otras elecciones y reelecciones sí más verdaderas, más pensadas o deseadas.

¿Cómo llega a tu vida la producción escénica y audiovisual?

Las cosas fueron sucediendo. Apenas llegué al conservatorio, salieron varias películas en diferentes roles y yo vivía y deseaba en pos de la actuación. Hice mucha televisión. Estaba detrás de eso. Sucedió que un día me cansé y empezaron a surgir las preguntas de cuál era mi proyecto, siempre estaba en pos de otros proyectos, sumarme a los casting, pero ¿qué era lo que yo generaba? Eso vino a la par de que estudié cine. Empezaron otros caminos, empecé a trabajar mucho en la producción musical, produje mucha banda sonora y empecé a trabajar con una empresa que hacia publicidad, haciendo puestas en escena para muchas marcas como Ford, Sedal. Y de golpe me di cuenta que estas búsquedas, la posibilidad de aunar lenguajes…En las puestas en escena hablás de lo audiovisual, de la banda sonora, de la actuación, montaje. Ahí entendí un poco el caminito que había hecho sin saberlo, que todas esas búsquedas y conocimientos conformaban un Gonzalo que podía hacer todo eso, y cuando lo entendí empecé a profundizar en mi propia productora. Hice eventos desde el Bicentenario de la Constitución Española, los Bicentenarios del NOA, el primer mapping que se hizo aquí lo hice yo, los 400 años de la Universidad de Córdoba, que fue monstruoso.

Flor Mallagray
Gonzalo Morales

¿Y cómo fue estar del otro lado del mostrador, cuando fuiste secretario de Cultura de Jujuy?

Tengo sensaciones encontradas. Por un lado fue un aprendizaje maravilloso, siento que hice un tránsito por la gestión pública desde mi visión, dignísimo. Porque planteamos un plan provincial, lo consensuamos, con un balance. Teníamos un objetivo clarísimo de adonde ir y cumplimos con el 93% de ese plan. A veces tengo la sensación de que no valió la pena dejar la camiseta en ese lugar, porque a muchos hacedores les da lo mismo. Me pasa en la calle con mucha gente que me agradece y me abraza. Yo creo que hemos planteado una manera de abordaje del dinero estatal y público diferente. Nosotros planteábamos todo en un marco de concurso para acceder, y no es la norma aquí: “cómo yo voy a concursar” me decían. Y en las sociedades de autobombo todo es relativo, incluso lo que te estoy diciendo.

No tuve el planteo de la duda de otra carrera, tenía que hacer eso. Años después yo tuve otras elecciones y reelecciones sí más verdaderas, más pensadas o deseadas". 

Suena la campana


Hace dos años llega a tu vida La Campana, una “hija” que también corrió sus riesgos. ¿Cómo nació, como la estás viviendo?

La Campana nace por una oportunidad de una política pública nacional que era  la compra de un espacio para las artes escénicas. Concursé con el proyecto y se eligieron 10, de 26, y uno fue La Campana. Fue un proyecto que implicaba mucho riesgo, porque no es que cubría el 100 por ciento la compra: yo estoy hipotecado, endeudado, para que pueda suceder. Y va vinculado a la esencia. Yo creo que todo el que hace teatro, o hizo, alguna vez soñó con el espacio propio.

Flor Mallagray
La Campana Teatral - Tilcara

¿Ahora estas únicamente como gestor?

De momento sí. Desde la gestión trabajando con el espacio, en talleres y también con los espectáculos. En dos años hay más de 200 eventos sucedidos en ese lugar que va alternando entre propuestas locales, y trato de una vez al mes, tener un espectáculo de relevancia, que a mí me asegure una convocatoria. Yo lo planteo así con el artista, no quiero que venga a San Salvador de Jujuy, quiero que invirtamos la dinámica. No dejo nunca de agradecer a los artistas, que nos han apoyado, desde los más cercanos hasta los lejanos. Hace un año vino Leo Sbaraglia, “Leo por favor vení”, le insistí tanto. Él viajo de España, hizo noche en Buenos Aires, vino a Tilcara, hizo dos funciones, paseamos, se tomó el avión y se volvió a España. Está claro que no lo hacen por lo económico.

¿Y todos estos contactos los fuiste tejiendo en Buenos Aires, como actor?

Sí. Muchos vienen del hacer y compartir. Hoy lo que empieza a suceder es el boca en boca. Darío (Sztajnszrajber) le dijo a Dalia (Gutmann), “si vas al norte, tenés que ir a La Campana”. Dalia vino y le dijo a Hernán Casciari lo mismo. Hoy suma. Hemos tenido cosas preciosas. Este año vino Silvia Pérez Cruz, catalana, con un show de primer nivel. La única función que hizo en el país fue en La Campana. Estoy empezando a hacer registros, porque la sala es de 200 localidades. Por más que sea íntimo, hay mucha gente que no puede compartirlo. Quiero ver si podemos armar streaming, sino se queda en el evento y muere ahí.

Flor Mallagray
Gonzalo Morales

Me parece que tus satisfacciones pasan por otro lado, más allá de lo económico…

Absolutamente, sino, tendríamos que dedicarnos a otra cosa. Yo hablo con los artistas directamente, les digo: “por qué no venís, te cubro tus costos, vamos a ir a las salinas, al Inca Cueva, vamos a conocer a doña Lamas, a una bodega de altura, y de paso hacete una función”. A muchos les cierra, porque vienen a una experiencia y en muchos casos se llevan dinero que son hasta más importantes que su propio cachet. Alternando, con temporadas altas y bajas, y todo lo que hay que hacer para que el lugar sea sustentable,

Si pudieras soñar sin límites ¿qué te gustaría concretar a futuro?

Estoy en un momento de vacío y necesario. Tengo cuentas pendientes, como mi propia película, eso está en el horizonte flotando. Con Leo Sbaraglia nos fuimos al Hornocal y nos sentamos los dos a mirar la inmensidad, y le digo: “che Leo te cuento una historia” y le cuento un poquito la sinopsis de mi proyecto, y me dice “¿cuándo lo hacemos”? Para mí eso valió más que muchas cosas.

Hace un año vino Leo Sbaraglia, le insistí tanto. Él viajó de España, hizo noche en Buenos Aires, vino a Tilcara, hizo dos funciones, paseamos, se tomó el avión y se volvió a España. Está claro que no lo hacen por lo económico".
Flor Mallagray
Gonzalo Morales junto a Leo Sbaraglia