Violencia de género: "El día que pude tomar la decisión, fue definitivo"

Violencia de género: "El día que pude tomar la decisión, fue definitivo"

por

Raquel Abraham

Periodista. Jujeña y apasionada de mi provincia.

Fotos: Ollie Wright

#GenteQueSí

Mes de la Mujer

Cecilia Lasserre es una mujer sonriente y con sentido del humor, pero también resuelta y decidida. Seguramente esa determinación es la que la impulsó a dejar a su ex esposo, hace más de 30 años, cuando fue víctima de violencia de género y tuvo que criar sola a cinco hijas pequeñas (la mayor tenía 8 y la más chiquita 2). Y tal vez fue ese optimismo y templanza los que la llevaron a crear el refugio “Un lugar de esperanza”, para contener a mujeres víctimas de violencia doméstica. “Yo no pienso mucho las cosas – cuenta Cecilia - o las debo tener pensadas pero no manifestadas”. Sin embargo mucho de lo que ha hecho hasta el momento, parece haber sido muy premeditado y prolijamente ejecutado. Tanto así que recibió el Premio Abanderados de la Argentina Solidaria 2018.  

A pesar de los desgarradores momentos que Cecilia vivió, como lo fue apartarse del hombre que alguna vez amó y sentir derrumbados sus sueños e ilusiones, ella asegura que fue la mejor decisión: “Siempre es preferible irte – asegura - si vos permitís que esos hijos tuyos a quienes querés, sigan en un ambiente hostil, los estás educando en la violencia”. Por otra parte afirma que no perdió la confianza ni la fé en las personas: “Yo parto de la idea de que la gente es buena, por eso trabajo con voluntarios”, explica con una simpleza que emociona. Sin dudas, esta mujer supo salir fortalecida de las adversidades que la vida le presentó, a través de una capacidad o fuerza interior que muchos llaman resiliencia.

Cecilia Lasserre
Cecilia Lasserre

¿Cómo se va gestando una relación violenta? ¿Comienza de manera sutil o evidente?

En mi caso fue evidente: en la luna de miel y me debería haber vuelto. Pero una siempre escucha en la casa que “al marido hay que tenerle paciencia”, y generalmente (y esto nos pasa a todas las mujeres), tenemos vergüenza. Entonces no lo decimos. Aparte cuesta separarse de la persona con la cual te has unido entusiasmada.

¿Te casaste muy joven?

No, estábamos recibidos, teníamos 29 años. Éramos adultos. Cuando las cosas se fueron complicando buscamos ayuda médica. Pero él tenía un problema psicológico y llegó un momento que dije: a mí no me va a pasar lo que le pasó a la mujer de (Carlos) Monzón, de que me tiren por la terraza. La persona que se pone violenta pierde la conciencia. Yo dije, de acá me voy. Y me fui.

¿A quién fue la primera persona que acudiste para pedir ayuda?

Como soy muy religiosa siempre lo hablaba con algún sacerdote. Siempre me decía que tenga paciencia, hasta que un día le dije: “Esto se acabó”.  El día que pude tomar la decisión fue definitivo.

¿Cómo hacés para irte y comunicárselo a la otra persona?

El día que decidí irme, despacito, busqué una valija y puse todas las cosas. Él tenía la costumbre de dormir a la mañana. Entonces busqué las cosas, salí con la valija, el coche y dejé, como siempre, a las chicas en el colegio. La busqué a mi hermana y fuimos a un abogado, después volví y recogí a las chicas. Cuando íbamos a lo de mi hermana, que vivía en Palpalá, me di cuenta de que era el cumpleaños de la más chiquita, cumplía dos años. 

¿Pudiste hacer una denuncia?

Nuestras discusiones eran por manejo de dinero. Yo me quería separar y separar dinero. Entonces cuando tomé esta decisión, hablé a mi papá, él se vino para acá, buscamos una buena abogada de familia y fui llevando todos los papeles con ella.

Muchas mujeres están viviendo esta situación, y ver que se puede, da ánimo. Porque además hay distintos tipos de violencia y el golpe físico suele ser lo más evidente, ¿pero qué puede ser un llamado de atención?

Yo supongo que vos no podés tolerar que alguien no te respete, que te quite tu dinero, que no tengan en cuenta tus opiniones, que te digan que sos una tarada, que no sabes cocinar, que no sabes lavar la ropa. Que todo el día piensen que lo que una piensa no tiene valor. Te empezás a sentir muy mal.

¿Cómo se maneja la separación con los hijos y en qué lugar se ponen?

Si uno no les permite a los hijos que decidan cuál es la relación que quieren tener con el padre significa que vos también ejerces una violencia sobre los hijos. Ellos tienen el derecho de tomar sus propias decisiones. A mí me pareció importante que ellas se siguieran relacionando con su papá. Cuando se hicieron grandes cada una tomó la decisión de qué tipo de relación tener.

Anina Altea
Cecilia Lasserre

No podés tolerar a alguien que no te respete, que piense que lo que una piensa, no tiene valor”.

¿Creés que se puede volver de la violencia?

Si la violencia viene por el alcohol y esa persona deja de tomar, sí. Si una persona tiene violencia por una enfermedad, yo supongo que si toma el medicamento, pasa. De la que no se sale es del que fue educado en la violencia, cree que la violencia es una forma cultural de relacionarse. Es muy difícil que salga. Tendría que volver atrás en un montón de cosas. Por eso siempre es preferible irte. Si vos permitís que esos hijos tuyos a quien querés, sigan en un ambiente de violencia, los estas educando así. Por eso de la violencia se sale con responsabilidad, para con uno mismo: no puedo tener una persona que me marque todos los días algo negativo y solo vea en mí una cara bonita o un lindo cuerpo. La responsabilidad de hacerse cargo económicamente de los hijos también, porque en general, no te dan nada cuando te separás.

¿Y vos cuando te separaste tenías trabajo?

Sí, desde el día que llegué tenía un trabajo full time en la universidad. Igual creía que solo con mi sueldo no iba a poder mantener a mis hijas, pero pude. Sí me quedé con la casa para mis hijas, pero no recibí nada después.

Al haberte separado, ¿creés que has criado a tus hijas de otra manera a la que fuiste educada?

¡Ellas dicen que no! (risas) pero de todas maneras son independientes.

De la violencia se sale con responsabilidad para con una misma”.

¿Seguís siendo creyente?

Sí, creo que es importante creer en algo, pero soy respetuosa de las creencias de cada uno. También entiendo que en algunas cosas la Iglesia no está convenciendo a los jóvenes. Está en un cambio y no tiene todas las respuestas.

¿Pudiste volver a confiar en las personas y en los hombres principalmente?

Sí, yo parto de que la gente es buena. No tengo la idea de que alguien va a ser malo, sino, no trabajaría con voluntarios. Tenés que partir de que la otra persona va a hacer un servicio.

Anina Altea
Cecilia Lasserre

"Un lugar de esperanza"

¿Y cómo surgió la idea de poner un refugio para mujeres y sus hijos?

Ya iba llegando a mis 60 y tenía que pensar en jubilarme. No pienso mucho las cosas, o las debo tener pensadas pero no manifestadas. Un día estábamos comiendo con el padre Héctor Barrera, del Santuario de Río Blanco, y le cuento que me iba a jubilar. Y me pregunta: ¿y qué vas a hacer? “Muchas cosas, quiero hacer un curso de repujado en cuero (todavía no lo he logrado), otro de Teología Mariana (todavía no lo he logrado) y voy a poner algo para recibir a mujeres en situación de violencia”, le digo. Habíamos conversado con la cofundadora del refugio, Noelia, quien también había tenido problemas con el marido porque era alcohólico. Ella siempre aconsejaba que tuvieras el bolsito y salieras descalza. Ella me contó que una vez tuvo que esconderse en una obra. Por eso es tan importante tener un lugar donde te reciban en momentos así.

Entonces cuando me jubilé la busqué a Noelia y le dije ¿que tal si hacemos algo? El padre Barrera nos va a ayudar. Empezamos a ver que necesitábamos una casa. Luego encontramos a Gloria, otra de las cofundadoras, y fuimos a ver al obispo (Marcelo) Palentini y él nos hizo hablar con el Dr. Arcadio Menéndez, pero teníamos ideas diferentes. Cuando salimos, Gloria dice que las monjitas del “Buen Pastor”, estaban en lo mismo que nosotras pero que no lo podían armar. Y como estábamos al frente, nos cruzamos. Tocamos el timbre, jamás abrían la puerta. Ese día abrió la puerta la Madre Superiora, fue como un llamado. Le contamos la idea y nos dijo: “Yo tengo una vivienda, es de ustedes”. Esto fue en marzo de 2010.

Anina Altea
Cecilia Lasserre
Tocamos el timbre, jamás abrían la puerta. Ese día abrió la puerta la Madre Superiora, fue como un llamado".

Datos útiles


Desde allí todo empezó a fluir. Ahora Cecilia y sus socias están más organizadas. El refugio acoge a las mujeres y su grupo familiar y se las relaciona con los organismos que puedan dar una solución a su problemática. De esta manera, las mujeres no deben preocuparse por no contar con un lugar a dónde ir y no tener los insumos básicos para subsistir en caso de querer irse de sus casas. El refugio también brinda información, recibe a niños y adolescentes en estado de vulnerabilidad o para declarar en cámara Gesell, (acompañados de una mujer mayor de edad), y recibe además a familiares de víctimas de femicidio.

El ingreso a “Un lugar de esperanza” se gestiona a través del siguiente número telefónico: 3885964444, que funciona las 24hs todos los días del año.

Anina Altea
Cecilia Lasserre