Miedos desconocidos

Miedos desconocidos

por

Stella Acosta

Psicóloga, nómada digital y escritora.
www.stellaacosta.com

#CrecimientoPersonal

¿Cuál es ese sueño que tanto te tienta pero al que no respondes? ¿Cuál es ese deseo que te sigue convocando, y al que has renunciado por miedo? ¿Qué es eso que sigues postergando, poniendo excusas y pretextos año tras año?

Flor Mallagray
Stella Acosta.

En todo camino hacia el propio deseo, siempre habrá más miedos de los que te imaginas. Hay miedos claramente visibles, y hasta razonables, miedos que te das cuenta que están ahí, pero hay de los otros. Son los miedos desconocidos. Permanecen ocultos, haciendo un trabajo silencioso, y si no estamos advertidos, pueden convertirse en la peor forma de autoboicot. 

El miedo a darme cuenta de lo que realmente quiero, a darme permiso para caminar hacia mi verdadero deseo. A reconocer en mi interior lo que mi corazón respira como anhelo más profundo, e ir por ello. Miedo a ser libre, a ser capaz, a efectivamente lograrlo. El miedo a perder es más fácil de reconocer, el miedo a vencer es más difícil de distinguir, pero es tremendamente eficaz también.  

Ese miedo suele tomar la forma de una voz interior, apenas perceptible, que te dice: “no podrás lograrlo, ni lo intentes porque se reirán de ti, porque te verás como una fracasada, porque perderás mucho en el camino y acabarás en la ruina, porque no puedes arriesgar a otros, a tus hijos, tu pareja, tu matrimonio”. 

Esos son los peores y más implacables condicionantes, porque son inconscientes, si no te detienes casi que no los escuchas. Hablan en susurros, te despiertan por las noches con una pesadilla, te dirán lo poco que vales, lo mucho que te debes al resto, te recordarán con extrema crueldad esas veces que te salió mal y que fuiste humillado, esas ocasiones en que otros se burlaron y efectivamente confirmaron eso que ya habías pensado, que eso no era para vos, que no eras el elegido, que no podrías lograrlo. 

Esas voces son los aullidos de tu peor enemigo, asustándote en la oscuridad, ese enemigo atroz, eres tú mismo.

No puedo acabar de decirte todo lo tenaz e inteligente que será, los lúcidos argumentos que va a utilizar para convencerte, será tan rigurosa su lógica, que deberás llegar casi a los márgenes de la locura para salir de su laberinto. Tú mismo te acabarás diciendo, - es verdad, no puedo hacerlo-.  

Te convencerá, te convencerás, que este no es el momento, que es descabellado, que seguro hay maneras más simples. Pero no las hay. 

Un fragmento, también susurrante en tu corazón te alienta con insistencia, te repite: ese es el camino.

- Pero es escarpado, es un camino muy largo, solo muy pocos han podido, hay muy pocas posibilidades de lograrlo, seguro nos aguarda un fracaso inminente-, retumban las voces del miedo… y el eco sigue inmutable: -ese es el camino-, y es exactamente por ahí.

El miedo no siempre se manifiesta como lo conocemos, tiene innumerables disfraces, formas extrañas que lo hacen parecer un aliado. 

Flor Mallagray

¿Cómo saber si es el camino? ¿Cómo me doy cuenta que se trata de un deseo genuino y no de un capricho del ego? 

No tengo una respuesta acabada. Solo puedo contarte mi experiencia. Para mí fue la imposibilidad absoluta y contundente de renunciar a ese camino. Te confieso que por momentos se puso tan áspero todo, tan cuesta arriba que decidí soltarlo, le dije a la vida, yo te devuelvo este sueño, ya no lo quiero, dame otro más fácil, hay tantas cosas que hacen feliz a la gente, ¿por qué no puedo ser feliz con lo mismo que todos? Y aun así, no pude. El deseo me perseguía como un animal hambriento. 

No pude dejarlo aunque quise, no siempre fui valiente, no siempre fui fuerte. Me rendí varias veces en el camino, pero aquí estoy. Lo hice, lo estoy haciendo. Estoy viajando por el mundo, llevando la forma de vida que quiero.

Una cosa que descubrí, es que solo cuando empiezas a recorrer el camino, solo en la ruta hacia tu deseo, te vas dando cuenta de que esas voces eran sombras del miedo, que estaban disfrazadas de excusas, de razones, de argumentos. ¡¡No eran reales!! Eran miedos de otros, eran prejuicios, creencias falsas, que una vez que salís del mundo de las ideas y te metes en el mundo real, a vivir la experiencia, dejan de ser  monstruos de 8 cabezas para convertirse en pequeñas ardillas asustadas. La sensación es la de Alicia al cruzar el espejo.

Claro que aún tengo miedo, pero el miedo no me arrincona. Claro que siguen ahí las voces nefastas, por eso me cuestiono a mí misma todo el tiempo, por eso me desafío a ir por caminos por los que nunca he ido, a darme respuestas en las nunca hubiera pensado. Porque ya entendí que si voy siempre por el mismo sendero llegaré siempre al mismo lugar. Tengo que explorar, salir de mi zona de seguridad, atreverme a lo desconocido, aunque taladren mi mente todas las alarmas que me advierten que es la peor de las decisiones. 

Mis propias excusas ya no me convencen, creo en mí, a pesar de mí. 

Pregúntate, ¿a qué le tengo más miedo? ¿Qué siento como imposible para mí? ¿Por dónde me parece más difícil? Te aseguro, que por ahí es el camino. Identifica tus excusas, desenmascara tus miedos, y avanza. 

Los Grandes Sueños nos asustan, y está bien porque por eso son Grandes. Nos superan en tamaño, por eso mismo, nos obligan a crecer, a expandirnos, a ser nosotros también más Grandes. Nos desafían a aprender, a cambiar, a mejorar. 

Un gran sueño es el camino a una vida mejor, para mí, para otros, para el mundo. No habrá un mundo mejor si no empiezo por mí.