27 de octubre de 2021

Almacén

Los federales de Felipe Varela en San Pedro de Jujuy

Los federales de Felipe Varela en San Pedro de Jujuy

por

Eugenio Avellaneda

Comunicador social y gestor cultural

#GranJujuy

Un fragmento de la historia argentina del siglo XIX, cuando unitarios y federales pugnaban por imponer un modelo de país. El caudillo federal catamarqueño, Felipe Varela, pasó por el norte argentino, acompañado por el joven Pedro Olivera, cuyos restos descansan en el cementerio Cristo Rey de San Pedro de Jujuy.

Tumba Olivera

La segunda invasión del montonero federal Felipe Varela contra la ciudad de Salta sucedió desde el 9 de octubre de 1867 cuando según sus propias palabras tendió líneas militares a las afuera de la capital norteña y esperó hasta el día siguiente a que el gobernador Ovejero saliese de los límites citadinos para enfrentarse en campo abierto y de esa forma evitar los daños a las propiedades civiles y a sus dueños. El salteño decidió atrincherarse en la plaza principal armado de una incipiente artillería y fusiles para sus tropas y combatir al caudillo catamarqueño con la esperanza de resistir y repelerlo pero el resultado de la contienda bélica le fue adversa y luego de más de dos horas y media de recias metrallas se asiló con algunas armas en el convento de San Francisco.

Varela le recordó a los clérigos que el derecho de asilo no le correspondían ni a las armas ni a los militares allí refugiados más el tirano reloj pudo derrotarlo cuando no sus enemigos políticos ya que solo ocupó Salta por espacio de un poco más de una hora y continuó su mudanza marcial hacia San Salvador de Jujuy.

 

En su relato el montonero admite que se apropió de algunos pertrechos de artillería de los 700 valientes que defendieron la plaza, lo mismo que de ciertos carros con municiones y escasos vestuarios para su tropa pobremente vestida.

El 13 de octubre de 1867 ingresó y se adueñó de la ciudad de San Salvador de Jujuy ante una bienvenida calurosa de parte del pueblo una vez derrotada la oligarquía local prácticamente sin combate y entregándole sus armas y arsenales.

Prosiguió su desplazamiento ascendiendo la quebrada de Humahuaca rumbo a Bolivia donde el presidente Manuel Mariano Melgarejo Valencia lo asiló y posteriormente en Potosí publicó su famoso Manifiesto explicitando su accionar militar en el norte argentino y prometiendo retornar. Coetaneamente uno de sus seguidores, José de los Santos Guayama, bandolero popular partícipe de la Rebelión Lagunera de Guanacache citada por Sarmiento en su libro “Recuerdos de Provincia” torna hacia el Oriente jujeño. Este teniente entonces rumbea hacia el chaco salto-jujeño, concretamente hacia la ciudad de San Ramón de la Nueva Orán, a donde arriba el 25 de octubre para pertrecharse y aprovisionarse. Su tropa está hambrienta y cansada más las fracciones tucumanas de innegable apoyo e identificación mitrista, ya habían saqueado ganados y víveres cercenando sus posibilidades de reabastecerse. De acuerdo al vocabulario en boga durante la época de la Colonia, se denominaba “marucho” al muchacho quinceañero comisionado de reunir la tropa de mulares y caballares, aperarlas y dejarlas prontas al amanecer para continuar la travesía. En nuestro cementerio municipal Cristo Rey, en el área antigua, se encuentra una tumba a perpetuidad cuya lápida de mármol reza que allí descansa un tal Pedro Olivera, fallecido el 6 de octubre de 1934 a los 83 años, quien fue traído de La Rioja de muchacho por las Hordas de Felipe Varela en calidad de marucho.

Las Montoneras Federales de Felipe Varela pisaron suelo del San Pedro del Valle del San Francisco de Jujuy en la segunda mitad del siglo XIX escapando de los unitarios porteños y asesinos.

¡Gloria Eterna al Marucho Pedro Olivera!

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