Cumplir 40 en cuarentena

Cumplir 40 en cuarentena

por

Raquel Abraham

Periodista. Jujeña y apasionada de mi provincia.

#Editorial

Flor Mallagray
Raquel Abraham, directora editorial.

Desde muy chiquita, septiembre es el mes que más ilusión me hace. No solo porque cumplo años, sino porque es el mes de la primavera, el de las flores, que irrumpen con miles de colores, el frío comienza a retirarse, los pajaritos trinan en coro. Cómo disfrutaba en mi niñez en Los Perales (un barrio casi selvático de Jujuy) ver florecer a los lapachos, la mayoría rosados, aunque mis favoritos siempre fueron los amarillos, quizá por el encanto y distinción que otorga la escasez.

Si bien nací en 1980, y cada cambio de década acompañaba mi propio salto de decenio, no tengo recuerdos particularmente de mis cumpleaños redondos. En cambio sí recuerdo algún que otro cumple especial. Por ejemplo el de 16, que lo pasé en un campamento del CAN (Club Amigo de la Naturaleza) del Colegio Nacional 1, en Posta de Hornillos, Maimará. Los profes me hicieron pasar al frente a izar la Bandera y luego todos los acampantes me cantaron el "feliz cumpleaños". Me sentí tan halagada. Recuerdo también mis 31, que fueron memorables porque fue mi primer cumple como mamá y en la foto salgo con la cara hinchada y roja, porque no podía contener las lágrimas de emoción. Pero en general, salvo en la niñez, que cumplís años y ya estás contando los días para el próximo cumple, (seguro las que son mamás saben de qué hablo); el resto fue pasando casi sin trascendencia, sumando un añito más en mi calendario.

Pero los 40 de este año tienen toda una connotación: Es como que te recibís de “señora”, (más allá de la cursilería arjonera que escuchamos desde hace años). Es como decir ¡chau juventud! Al menos eso creía yo de más chica. Es un número imponente, que no solo indica que has vivido bastante, sino que también anuncia que el tiempo, ahora sí, comienza a contar de verdad. Hasta podríamos trazar una línea imaginaria y pensar que estamos a la mitad del camino. ¡Ay, ay, ay! ¡Cuánto miedo le he tenido al paso del tiempo! Siempre me gustó mirar hacia adelante como una hoja en blanco, que tenía todo por escribirse.  

Y parada ahora en este punto medio, miro hacia atrás y digo: ¡guauuuu! Sí que he andado, sí que he jugado, bailado, emborrachado, dormido en lugares que ya ni recuerdo… ¡qué placer! Amé, sufrí, sentí que el mundo se terminaba mil veces y volví a encontrarle sentido mil y una más. Y pude estudiar, recibirme, trabajar…Encontré un compañero con el que formamos una familia. ¡Hoy veía a mis hijitas y no podía creer que alguna vez estuvieron en mis sueños y en mi propio cuerpo! Cuánta magia…

Aunque de más joven le tenía miedo a la vejez, al deterioro corporal, a las arrugas, flacidez, y tantos otros mambos que por ahí nos compramos más las mujeres, por tantas exigencias impuestas; hoy me hallo a mí misma en el espejo más que nunca. Me gusto, aún con mi mi piel menos turgente, mis canas cada vez más visibles, mi mirada más apaciguada. Pero lo cómico es que ¡no veo a esa señora que imaginé que sería! Me veo a mí, en este momento de mi vida, tal vez con un espíritu más joven que a los 20, con menos ansiedad (¡aunque los que me conocen no lo crean!), con más alegría y gratitud. Hace unos días le decía a mi esposo: ¡Chu, cumplo 40! Y me dijo “Sí, una chica de 40, sexy, hermosa”. Cuento esta intimidad porque me hizo sonreír y darme cuenta de que el número es solo eso, un número: somos lo que sentimos, lo que expresamos, lo que vivimos.

Eso sí, ¡Lo que daría por festejar con todas las personas que amo! Volver a emborracharme con amigos, y abrazarlos fuerte… (Pensar que ahora valoro eso que hacíamos con cierta liviandad ¿por qué no lo hacía más seguido?). Sin dudas que este cumpleaños me encuentra en cierta soledad, no en una “gran fiesta gran”, ni en un viaje a Brasil con amigas (que nunca llegábamos a ponernos de acuerdo del todo). Me encuentra en casa como un día más, de la misma manera que a todos: en una eterna cuarentena. Y me río, me río sola de las expectativas que no hacen otra cosa que demostrarnos que al fin y al cabo, la única que manda es la VIDA.

Y me vuelvo a inventar nuevos sueños, obvio, porque estamos hechos de ilusiones: Ya se vendrá el gran festejo, pienso, quizá sea a los 42, 43, y para no perder la costumbre, el cumple valedero, no será jamás un número redondo. ¡Salud a mí y a todos los que en esta cuarentena cumplimos los 40!