Josefina Pardo de Figueroa: “En la equinoterapia dejamos los problemas afuera y nos entregamos por completo”

Josefina Pardo de Figueroa: “En la equinoterapia dejamos los problemas afuera y nos entregamos por completo”

por

Raquel Abraham

Periodista. Jujeña y apasionada de mi provincia.

Fotos: Ollie Wright

#GenteQueSí

Que el ser humano y los animales pueden crear vínculos afectivos y duraderos, no cabe ninguna duda. Solo basta mirar alrededor y ver las relaciones que pueden entablar niños con perros y gatos, por ejemplo. Pero además del cariño, cada vez más estudios científicos han demostrado los beneficios que propician a las personas con determinadas patologías o condiciones físicas y/o emocionales, algunos animales, principalmente perros y caballos, bajo entrenamiento controlado. Un caso claro y en plena utilización en el país y el mundo, es la equinoterapia, que es una terapia física y mental complementaria, cuyo elemento central es el caballo. Este animal es usado para ayudar a personas con discapacidad a mejorar su calidad de vida. La equinoterapia como actividad abarca cuatro áreas disciplinarias diferentes: medicina, psicología, pedagogía y deporte.

En Jujuy, la impulsora de esta terapia es Josefina Pardo de Figueroa, creadora y presidenta de la Fundación de Equinoterapia. Josefina es una joven entusiasta que supo combinar en un solo trabajo, dos grandes pasiones de su vida: los caballos, primero, y la psicología, después. “A los 3 años se me despertó el amor por los caballos, me empezaron a gustar y desde ahí fue un viaje. Desde mi niñez y adolescencia tuve varios caballos, siempre hice equitación, siempre participé de diferentes actividades con caballos. A partir de ahí, cuando empecé a estudiar Psicología y ya me estaba recibiendo, empecé a conocer en qué consistían las terapias asistidas con animales, básicamente perros y caballos. Comencé a estudiar, viajar, realizar cursos y congresos, en fin, capacitarme”, relata.

Karen
Josefina Pardo de Figueroa

La Fundación Jujeña de Equinoterapia cumplió 10 años brindando un servicio terapéutico a la comunidad, de manera gratuita, gracias al esfuerzo y la entrega absoluta de los voluntarios que integran el equipo profesional, entre ellos psicólogos, psicomotricistas, kinesiólogos y veterinarios. La entidad funcionó inicialmente en la Sociedad Rural, y desde hace tres años que está instalada en la Federación Gaucha de Alto Comedero. Allí asisten a 32 pacientes (niños y jóvenes) los lunes, miércoles y viernes de 14.30 a 18 y tienen el cupo completo. “La actividad se hace de manera responsable, cuidada y con gente capacitada. En estos 10 años no hemos tenido ningún accidente”, cuenta orgullosa Josefina. Y en una cálida tarde de viernes, rodeadas de naturaleza, caballos y risas de niños, nos adentramos en el mundo de la equinoterapia.

Anina Altea
Josefina Pardo de Figueroa

¿Cómo fuiste convenciendo a otros colegas y profesionales sobre las bondades de la equinoterapia y logrando los primeros adeptos?

En ese momento yo estaba en un grupo de equitación. Empecé a comentarles cuál era mi tema de tesis y conversar. Ahí hubo gente que me empezó a escuchar y a interesarse. Tengo una amiga y compañera que está desde el principio, Miriam Cercos, y con ella comenzamos a formar un grupo. A partir de ahí el grupo fue evolucionando, hubo gente que se sumó y al día de hoy somos 13 personas que conformamos el equipo técnico de la fundación.

¿Hubo resistencia de los médicos o de profesionales de la salud en la primera etapa?

Al principio sí hubo dudas. Decían no teníamos fundamentos científicos. Hay muchos estudios científicos donde comprueban por qué se usa un caballo en equinoterapia, en diferentes ámbitos, no solo en discapacidad, sino en adultos mayores, niños, poblaciones vulnerables. Es muy amplio todo lo que se puede hacer.

Hay países del primer mundo que lo han implementado.

Sí, esto empezó en Alemania después de la Segunda Guerra Mundial donde empezaron a rehabilitar a los soldados que habían tenido secuelas de guerra. A partir de ahí se empezó a difundir por el mundo.

Hoy trabajan con voluntarios, ¿pero aspiran a que estos profesionales algún día encuentren aquí una actividad redituable?

Totalmente. Nosotros veníamos hace 10 años y éramos todos voluntarios pero no lo podíamos sostener, porque si bien es una actividad muy linda, también es una actividad cara: hay que mantener a los caballos, darles de comer, hacerles la sanidad, comprar los equipos, las monturas. Tenemos una veterinaria que es la Dra. Teresita Aguad y otro papá que es veterinario, entre los dos nos dan una mano.

Anina Altea
Josefina Pardo de Figueroa

¿Cuáles son los progresos más visibles de los pacientes?

Lo primero que trabajamos con un paciente es el vínculo que pueda tener con el caballo, que es fundamental, y con nosotros los terapeutas. Ese va a ser el puente de ingreso nuestro a la persona. A partir de ahí nosotros diseñamos el plan de tratamiento, depende de la patología o discapacidad, depende si es una discapacidad física o motriz, se trabaja más con la kinesióloga, psicomotricista; si hay algo cognitivo o emocional trabajan conmigo. Son muchas actividades que se van diseñando de acuerdo a las características de la persona. Cada chico tiene su atención. Hay algunos que vienen hace muchos años y ya nos conocemos. Cada persona tiene adaptada, de acuerdo a sus características, las tareas que vamos desarrollando.

Después de 10 años, ¿seguís disfrutando esta actividad, seguís motivada?

Esto es una pasión, si no lo fuera, creo que hace mucho la hubiera dejado (risas).  Requiere un esfuerzo físico, estamos poniendo el cuerpo permanentemente y la energía es fundamental, dejás todo acá, es super importante. Yo siempre le digo a la gente que forma nuestro equipo (que es un grupo humano increíble), que ellos tienen algo especial. Trabajar con personas con discapacidad y poder brindarse, es admirable. Nosotros llegamos a la tranquera y nos olvidamos de nuestros problemas, los dejamos afuera y nos entregamos por completo porque esa es la tarea.

 

Anina Altea
Josefina Pardo de Figueroa

En busca de una ley nacional


En Argentina son 300 centros que están nucleados en la Red Argentina de Equinoterapia, en donde pautan criterios de trabajo y luchan por una Ley Nacional y Provincial. “Nosotros lo que solicitamos es la aprobación de la ley por dos cuestiones – sostiene Josefina-, por un lado por el reconocimiento de las obras sociales para que todas las personas tengan acceso a estas terapias, y por otro lado, para la regulación de la actividad, para que todas las personas que quieran hacer equinoterapia, lo hagan de manera seria y responsable”. En este punto agrega que si bien puede haber personas con “buena voluntad”, no cualquiera puede desarrollar esta disciplina: “La equinoterapia tiene que ser dirigida por un equipo de profesionales del área de la salud, del área ecuestre, educación, donde cada paciente tiene su plan de tratamiento. El caballo es un mediador para trabajar determinadas cuestiones”, puntualiza.

Por último Josefina cuenta que el servicio de la Fundación no está dirigido únicamente a niños con alguna patología o discapacidad, sino también a todos aquellos que quieran disfruta de la actividad ecuestre. “Tenemos alumnos que quieren aprender a montar y trabajamos la parte deportiva, pero trabajamos la responsabilidad, flexibilidad, el manejo de la impulsividad, la autoestima. A través del juego vamos incorporando todas esas habilidades”, finaliza.

Los interesados en concocer más sobre la equinoterapia, pueden buscar info en las cuentas de Facebook Instagram de la Fundación Jujeña de Equinoterapia.  

Anina Altea
Josefina Pardo de Figueroa
La actividad se hace de manera responsable, cuidada y con gente capacitada. En estos 10 años no hemos tenido ningún accidente”.