Alberto Alabí: “Tu promesa es con vos, con tu corazón y con el sagrario que llevás de tu niñez”

Alberto Alabí: “Tu promesa es con vos, con tu corazón y con el sagrario que llevás de tu niñez”

por

Raquel Abraham

Periodista. Jujeña y apasionada de mi provincia.

Fotos: Virginia Puch

#Sociedad

“En 1973 todos queríamos entrar al Nacional. Es que los hermanos contaban historias inverosímiles acerca de los cachetazos afectivos que daban las manos desproporcionadas del Ingeniero Pérez, y de la didáctica surrealista del “Fiero” García, que explicaba la infinitud de la semirrecta con un trazo iniciado en el pizarrón y que concluía en la sala de profesores”.

(Fragmento del editorial de Alberto Alabí, director de la revista “El Nacional”. Ed. N° 1-Julio/Agosto 1995. San Salvador de Jujuy).

Raúl Argüello

No sé si todos queríamos entrar al Nacional. Lo que sí sé, es que entrar al Nacional te cambia para siempre. Que el tiempo en el colegio no se limita a los cinco años (tal vez los cinco años más intensos y significativos de nuestra vida) que transcurren entre sus aulas, sino que el tiempo se expande: uno llega al Nacional y desde que entrás te sentís envuelto por el halo de sus 150 años de historia, es como si escucharas a los profesores que excedían los contenidos netamente pedagógicos, y te cruzaras con los estudiantes rebeldes que cuestionaban el orden establecido. Asimismo cuando terminás el secundario y te vas del colegio para “vivir tu propia vida”, no te vas solo. Te vas con el CAN (Club Amigo de la Naturaleza), con el color rojo o blanco que en suerte te tocó para jugar en los “Interbandos”, te vas con el recuerdo agridulce de las tardes “perdidas” de extraclases, que resultaron ser las más fructíferas porque por fin, lograste entender esa materia. Te vas con los consejos de los profesores que no solo educan, sino que intentan despertar algo verdadero en las alborotadas almas de sus estudiantes. Te vas con tus compañeros, muchos de los cuales se convierten en amigos para todo el viaje.

Siempre pienso que el Colegio Nacional tiene espíritu propio, independientemente de la diversidad de sus integrantes. Es como si existiera un pacto tácito, un código de convivencia invisible que funciona aunque las personas pasen. Acá sin dudas el todo es más que la suma de las partes: “Yo no sé qué es – reflexiona el rector del colegio, Alberto Alabí-, No tenemos los mejores profesores, yo no soy el mejor rector, tenemos una formación media común, pero algo pasa. Algo tiene. Cuando vos entrás y tomás del prestigio, lo asumís como propio. Entonces uno vibra y baila al ritmo de la institución”.

Estamos sentados en los elegantes sillones del ilustre rectorado. Aquel mismo rectorado que cobijó a José Benito Bárcena, Plácido Sánchez de Bustamante, Benjamín Villafañe, Pablo Carrillo, Abelardo Álvarez Prado, Oscar Marín, entre otros. No es una entrevista de una periodista a un rector, es una charla, como le gusta decir a Alabí, "entre dos condiscípulos", de diferentes tiempos, pero atravesados por el mismo sentimiento de amor, orgullo y gratitud hacia el Colegio Nacional N° 1  “Teodoro Sánchez de Bustamente”. Cafecito de por medio, en una fría mañana de julio, comienza esta charla con el "Turco". 

Raúl Argüello

¿Por qué decías en el editorial de la revista del colegio que en 1973 todos querían entrar al Nacional?

Hay colegios que son emblemáticos: El Nacional era de los changos y el Santa Bárbara era el de las chicas. Uno se asocia por conveniencia y asume actitudes corporativas. Entonces los changos nos juntábamos con los que creíamos que eran los más pintones, porque en el conglomerado pasábamos. Cada chico tiene su encanto especial, pero había cierto perfil de chico popular, digamos. El tema es ver cómo resolver tu sexualidad y el amor en el trayecto de la vida y para eso usás todas las estrategias que dios te regaló. Cuando no te regaló usas a la de los otros y asociado te las hacés. Como decían en la película “Il Postino”. Le dice Neruda al cartero: “¡Pero ese poema es mío!” y el cartero le responde: “Maestro, es del que lo necesita, no del dueño”. Entonces aquí habían changos pintones. Yo me juntaba con los deportistas, porque nunca descollé en el deporte. Yo era guitarrero, me gustaba la literatura, entonces cuando te falta algo, te asocias con el que le sobra. El colegio era un escenario donde venían todos los chicos. Jujuy es una provincia chica, nadie es tan noble. Pero hay gente que ha hecho ostentación de apellido, otros de dinero, otros de belleza física, otros que tocábamos la guitarra. Cada uno peleaba con la espada que tenía. Y el colegio en el fondo conteniendo a todos esos chicos, brindando posibilidades a través de las actividades colegiales que se hicieron toda la vida. El primer recuerdo que tuve del colegio es cuando se cumple el centenario y hacen una muestra en la Legislatura y a la noche invita el colegio a todo el que quisiera venir a hacer observaciones astronómicas. Quien estaba a cargo del telescopio era el gran “Pollo” Pérez, que es un hombre gigantesco. Y se dedicó muy amorosamente a explicarnos las estrellas, ver las constelaciones. Y ese fue mi primer contacto y me enamoré. Aparte es muy lindo el colegio como edificio. Y las anécdotas, porque lo que se contaba, cómo hacían cosas, y cómo hacían huelgas, la opinión política. Y esto ha sido siempre importante.

Raúl Argüello

Pasaron rectores y profesores, pero es como que uno entra acá y se pone en “modo Nacional”. ¿Por qué crees que se ha mantenido el  magnetismo a lo largo del tiempo?

Yo no sé. No tenemos los mejores profesores, yo no soy el mejor rector, tenemos una formación media común, pero algo pasa, algo tiene. Yo puedo vivir en una casa FONAVI, pero vengo aquí y me contagio del mármol y los bronces y el prestigio. Y cuando vos entrás y tomas del prestigio, lo asumís como propio. Entonces uno vibra y baila al ritmo de la institución. El profe que entra aquí, le pone otro tipo de impronta, se contagia y devuelve y crece, y crecen sus alumnos. El otro día los alumnos me decían “por favor, no suspenda las extraclases porque la profe Delgado explica muy bien y no la queremos perder”. Entonces uno piensa: “Acá hay algo raro”, que un alumno te diga que quiere tener clases.

Este colegio se caracteriza por la buena convivencia y la integración de sus estudiantes, ¿Por qué creés que esto ocurre?

Estar mucho tiempo con el otro es importante. ¿Viste cuando dicen “no importa la cantidad sino la calidad”? No es así. Hay que estar mucho tiempo, con tu hijito mucho, vos te ves y conocés al otro, conocés la sonrisa, si tiene una sonrisa fingida, si está presumiendo, si es natural o no. Este es el conocimiento permanente. Tenés que creerte un poco las cosas. Yo no soy Bárcena, imagínate Bárcena, donó su biblioteca personal, para fundar junto con Macedonio Graz la primera biblioteca pública de Jujuy. Yo tengo una biblioteca muy grande en mi casa, no sé si la donaría. Imaginate en aquella época era un bien preciadísimo un libro. Bárcena era senador y renunció a la senaduría y se vino para ser director del colegio, y había sido gobernador de la provincia. Cuando había exámenes venía a tomar exámenes el gobernador de la provincia aquí.

Raúl Argüello

No sos Bárcena pero seguramente hacés tu aporte como rector, ¿qué sentís que das al colegio?

Lo que doy es compromiso. Le tengo mucho cariño al colegio y a los chicos, son muy encantadores. Es una franja de chicos humildes, que lo que les das lo atesoran, hace que te encantes con ellos. Son muy respetuosos. El año pasado viene una chiquita de segundo año y me dice: “nosotros sabemos que usted es escritor”, y me trajo una carta y una torta, que no puedo leerla a la carta porque está muy bien escrita y me emociona. Oscar Orías ha sido egresado del colegio nacional. Cuando Bernardo Houssay recibe el Premio Nobel de Medicina, dice: “No lo merezco yo, lo merece mi equipo y de mi equipo el que lo conduce, que es el sabio Dr. Oscar Orías”, jujeño, egresado del Nacional y profesor del Nacional.

¿Te parece que el Nacional es un reflejo de la sociedad, o al revés es una sociedad utópica a la que todos aspiramos?

Yo creo que esto es una república, nuestro emblema es la autodisciplina. No controlamos a nadie. Tu promesa es con vos, con tu corazón y con el sagrario que llevás de tu niñez. A ese jovencito que sos a los 5 o 6 años, a ese chiquito dale cuenta. Nosotros protegemos a ese chico. Después nos hacemos un poco más malvados. Yo no puedo copiar cosas de la sociedad, en todo caso quiero mostrarle a la sociedad lo que debiera ser. Este colegio representa la esencia de la escuela  pública argentina con Domingo Faustino Sarmiento, y Domingo Faustino fue presidente gracias a este colegio. ¡Y fue presidente antes de que este colegio haya sido creado por él! Raro. Se encuentran Faustino Sarmiento con Soriano Alvarado en Chile y le dice Domingo Faustino: “Tengo que ser presidente pero si vos me votás”, a lo que le respondió Soriano: “Va a tener mi voto y cuatro más. Va a ser presidente, pero yo quiero un colegio en Jujuy”.

Así fue.

Yo no puedo copiar cosas de la sociedad, en todo caso quiero mostrarle a la sociedad lo que debiera ser".
Raúl Argüello